Por: Dante Álvarez / Cometa Colectiva

Independentistas catalanes llaman este 12 de octubre a derribar la estatua de Colón de Barcelona y el sábado pasado en Ciudad de México fue retirada la estatua de Colón de avenida Reforma por la convocatoria #LaVamosADerribar.

Este año fue removida en Popayan, Colombia la estatua del conquistador español Sebastián de Belalcazar, mientras en Estados Unidos durante las movilizaciones realizadas en el movimiento Black Lives Matter derribaron las estatuas de Colón en Baltimore, Boston y más tarde, la de Chicago, fue dañada y retirada. En Bristol la estatua del esclavista, Edward Colston además fue arrojada al río. Mientras del otro lado del Atlántico, en Bélgica numerosas estatuas del monarca colonialista Leopoldo II fueron dañadas.

Al sur de nuestro continente el año pasado en las protestas en Chile que iniciaron por el alza a las tarifas del transporte público y ahora buscan acabar con la Constitución neoliberal se destruyó en Arica la estatua de Colón, y en Valparaiso se retiró después de ser intervenida por los manifestantes, mientras en Concepción derribaron la estatua del conquistador Pedro de Valdivia. Antes de eso en Venezuela en 2004 en Venezuela la estatua de Colón fue juzgada condenada, derribada, arrastrada y colgada. Y en México, en 1992 el movimiento indígena organizado derribó la estatua del conquistador Diego de Mazariegos en San Cristóbal de las Casas.

No es una casualidad que estos monumentos estén siendo derribados en diferentes partes del mundo, estamos ante un cambio paradigmático global, la globalización iniciada con la invasión y saqueo de América, primero por ibéricos y más tarde por anglosajones, detonó el enriquecimiento de las naciones occidentales quienes implantaron su hegemonía cultural, imperialismo y pensamiento lineal  y progresivo que llevó a la industrialización del mundo y más tarde al capitalismo, basado en el  crecimiento económico perpetuo e infinito, imposible en un mundo de recursos finitos como la tierra.

La destrucción ambiental capitalista, a costa de la explotación humana presenta daños en todo el globo, con la extinción de especies, derretimiento de los polos, calentamiento global, cambio climático, huracanes, sequias e inundaciones cada vez más intensos, que según investigaciones como la del Científico Mario Molina quien falleció esta semana, los daños para mediados del siglo XXI serán catastróficos para las siguientes generaciones.

El COVID 19 vino a catalizar la crisis económica mundial en la que estamos y cuyos rasgos ya se dejaban ver desde las invasiones a Irak y Libia por el uso del euro como moneda para la venta de petróleo, más tarde la desglobalización económica fue evidente con el Brexit, la renegociación del Tratado de Libre Comercio con América del norte y la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China.

En este nuevo proceso mundial, es necesario construir una identidad en símbolos que verdaderamente nos identifiquen. ¿Por qué un mercenario genovés que llegara a las Antillas y que iniciara uno de los genocidios más grandes que ha habido en la historia merece un monumento en nuestra ciudad? Esta figura es símbolo de la imposición de una ideología política y religiosa, de una cultura que conquistó de manera violenta a otra. Estos símbolos no representan la realidad compleja de los países conquistados, antes en nombre de Dios y ahora en nombre del capitalismo global.

Es necesario entendernos a partir del pensamiento descolonial, dejar de lado la cultura hegemónica occidental, quizá desempolvar antiguas cosmogonías y construir símbolos y monumentos que realmente nos identifiquen, como ciudadanos de nuestro tiempo.

Foto: Víctor Castillo