Basta salir a la calle para entender que la violencia contra los periodistas en México, los 94 luchadores sociales asesinados en los últimos tres años, o las diez mujeres asesinadas al día, forma parte de la descomposición del sistema y la consolidación de un narco-estado, que pese a sus pugnas internas, cada vez se articula más en la vida cotidiana.