Parte II: Un pueblo que se resiste a morir

Por: Outis Polifemo, Hñatho Zajthe, Mushki ñuhu

Cifras sobre hablantes de otomí en Toluca y otros municipios de la etnoregión (INEGI 2010 Y 2020)

Los pocos hablantes de hñätho (otomí) que aún sobreviven en Toluca, y que apenas suman 22 mil 681 personas de la totalidad de habitantes del municipio (910 mil), habitan en el norte del municipio, y junto a los otomíes de Temoaya representan la mayor comunidad hñätho del valle de Toluca, de todos ellos, la gran mayoría, como se explicó en la parte I de este trabajo, viven en estado de marginación pero también en estado de excepción, es decir: que cualquier habitante de esta región puede ser asesinado, secuestrado o desaparecido, sin que alguna autoridad pueda evitarlo, investigar el caso, castigar el delito o proporcionar justicia pronta y expedita a los afectados.

De las 17 carpetas de investigación que la Fiscalía mexiquense lleva sobre las 21 personas involucradas en casos de homicidio, secuestro y violación en la zona norte del municipio de Toluca, en lo que va de 2021, solo una está concluida por acuerdo reparatorio del daño. Las otras 16 siguen a la espera de proporcionar respuestas a los familiares de las víctimas.

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La velocidad con la que disminuyen los hablantes de hñätho en Toluca, va de la mano con la urbanización de su territorio y la aculturación de los habitantes de las delegaciones de Autopan, Huichochitlán y Cuexcontitlán. Entiéndase por aculturación al proceso de recepción de otra cultura y de adaptación a ella, en detrimento de la cultura propia (la necesidad de aprender la lengua madre). Esto significa que adoptamos costumbres impuestas desde la visión extranjera, que se popularizan vía redes sociales o en la televisión y el cine, y que se van incrustando en el imaginario colectivo de la población, sin la mínima capacidad crítica para afrontarlas, al grado de defenderlas como si fueran nuestras cuando se les critica. Un caso concreto fue el desfile de catrinas (emulado de la película del famoso personaje británico 007), que organizó la página de Facebook denominada San Cristóbal Huichochitlán, que administran los militantes del ex alcalde priista de Toluca, Fernando Zamora y que poco a poco ha ido imponiendo una visión artificial de las costumbres del pueblo otomí al tiempo que promociona a delegados y familiares del ex alcalde.

Otro caso paradigmático en la zona, es el aumento del consumo de estupefacientes de corte químico como la piedra, el cristal y la cocaína, entre jóvenes y personas adultas, y que páginas como la arriba mencionada tratan de cubrir generando cercos mediáticos a las personas y colectivos que se organizan para combatir este tipo de problemáticas; a pesar de que el consumo de estas drogas es evidente y cualquier vecino en la zona se ha percatado de la existencia de los puntos de venta.

Manifestación de habitantes de las delegaciones de Autopan; Cuexcontitlán y Huichochitlán realizada el 20 de noviembre de 2021.
Foto: Outis Polifemo

La tendencia al consumo de químicos va de la mano con el poder adquisitivo de sus habitantes, y el enorme grado de adicción que estos generan, por lo que la compra ha empoderado a quienes los venden y lentamente se van adueñando de la zona norte mientras los jóvenes y adultos que las consumen van desarrollando un grado más alto de enajenación que el de la mayoría de la población. Lo anterior se explica de esta manera: cuando no tenemos otra relación más que con lo que consumimos (alimentos, productos), generamos un grado de enajenación que consiste en una sola preocupación que es la de vivir al día, dejando de lado el desarrollo espiritual, emocional, cultural, para dar paso a una nulificación de nuestra humanidad, volviéndonos  seres carentes de valores reales, por haber asimilado los valores del sistema neoliberal: derecho a consumir, a opinar en redes sociales, a ser diferentes mientras compremos la diferencia,  a la “buena educación”, en el caso otomí, del buen indígena, agachado, pero en una aparente libertad y felicidad que se confunde con el poder adquisitivo y sobre todo: dejar de ser otomí para transformarse en un buen ciudadano obediente.

Habitantes de las tres delegaciones, sobre todo jóvenes se dieron cita para manifestarse en contra de la violencia este sábado 20 de noviembre. Foto: Outis Polifemo

La extinción de la mutualidad (solidaridad)

Di neki Yo te aprecio

Gui negui Tú me aprecias

Di nuki Yo te respeto

Gui nugui Tú me respetas

Di foxki Yo te ayudoGui foxki Tú me ayudas

De los usos y costumbres (propensos a desaparecer) que aún perduran en la etnoregión otomí de Toluca, resalta el baño de temascal, una tradición familiar que aún preserva sus rasgos esenciales, que radican en la comunalidad, porque el baño es colectivo y toda la familia lo realiza al menos una vez por semana. Este rasgo de comunalidad también se puede observar en las cocinas de leña donde el fogón se encuentra en el centro con la abuela o madre de la familia y todos sentados alrededor de ellas para escucharlas y compartir sus alimentos. También en las pulquerías tradicionales, por ejemplo, es costumbre que todos los abuelos se sienten en círculo para escucharse unos a otros porque no ven lógica en acudir a un lugar público a sentarse aisladamente.

Temazcal tradicional otomí para uso familiar y medicinal sobre todo para mujeres embarazadas.
Foto: Outis Polifemo

Hace dos décadas desapareció el último huerto colectivo de mujeres en San Cristóbal Huichochitlán, nuestra informante nos cuenta que el huerto dejó de hacerse por las posiciones partidistas de algunos maridos, que al diferir unos de otros en vísperas electorales, no permitieron seguir con el trabajo comunal. Este hecho se puede explicar con el advenimiento del primer alcalde de origen otomí en Toluca en 2016, que ya se perfilaba en esta región donde es común que el asistencialismo gubernamental se vuelque en condición partidista, es decir que para acceder al apoyo económico, los habitantes deben asistir a mítines, campañas, y todo lo que tenga que ver con el partido que hegemoniza la región y el estado; y principalmente cambiar su voto por dichos “apoyos”.  De esta forma se imponen ideologías partidistas que consisten en el acaparamiento de recursos por parte de delegados para sus familiares y aliados, o en la apatía para asistir a una junta o asamblea popular (apartidista y de población civil organizada) para tratar problemáticas sustanciales, por ejemplo, la violencia que aqueja seriamente a esta zona.

Mujeres otomíes en manifestación contra la violencia realizada el 20 de noviembre.
Foto: Outis Polifemo

Lo anterior también lo han podido apreciar los profesores convocantes a las asambleas y manifestaciones recientes en la zona norte para exigir al gobierno justicia para los y las afectadas de la ola delincuencial pero también para poder convocar a un nuevo diálogo entre los pobladores. No obstante, los profesores mencionan que el temor de la gente es un factor esencial para la convocatoria a estas manifestaciones públicas.

Es importante mencionar que la enajenación que el sistema neoliberal genera sobre los habitantes de la zona norte, no los afecta a ellos únicamente, sino que la enajenación o alienación es generalizada como menciona el filósofo Byung Chul Han:

«El miedo actualmente es el miedo ante la nada, vivimos un sistema neoliberal que elimina estructuras estables en el tiempo, que genera miedo e inseguridad, al mismo tiempo que individualiza al hombre convirtiéndolo en un empresario de sí mismo: aislado, insolidario y miedoso. La lógica perversa del neoliberalismo reza: el miedo incrementa la productividad, cuanto más miedo hay, más productivo es uno mismo. El miedo se produce en el límite. (La expulsión de lo distinto)»

Por eso el sistema económico actual, al fundarse sobre la competitividad, es decir la capacidad del (micro y macroempresario), para generar más demanda, elimina la solidaridad, lo cual explica por qué no existe un movimiento generalizado que haga frente a la violencia, marginación y destrucción del territorio otomí.

Como se mencionó en la parte I de este trabajo, la milpa así como otros usos y costumbres de los otomíes del valle de Toluca, son símbolos de resistencia ante la enajenación del sistema neoliberal. Con la autonomía alimentaria  (producción de sus propios alimentos), los otomíes niegan lo que filósofos como Foucault llamaron biopolítica. Ésta a grandes rasgos consiste en que el aparato estatal (gobierno) minimiza, disminuye y nulifica nuestra capacidad de organización y autogestión  a través del asistencialismo (despensas, becas, etc) condicionados; la tutela estatal consistente en la infantilización e interdicción del indígena y principalmente en el  monopolio legal de la violencia. Situaciones que nos conducen a una biopolítica que se traduce a una mera vida reproductiva y consumista eliminando la capacidad política de organizarnos.

A pesar de todo, en estas tres delegaciones, existen grupos de personas, que han tomado la decisión de hacer algo por amor a su pueblo y a su lengua, en el caso de Huichochitlán, el Taller Itinerante de Lectoescritura y Traducción en Lenguas Indígenas de México que abrió sus puertas para la enseñanza del hñätho, y para compartir vivencias e historias sobre sus usos y costumbres. En Cuexcontitlán por su parte, los hijos de este pueblo han creado el Kantón Libertario, primer biblioteca libertaria de la región con más de 10 años de actividad, donde ofertan cursos gratuitos para chicos y grandes y es un espacio para la recreación y el conocimiento abierto a todo público de cualquier parte del estado. En Autopan recientemente la colectiva Brujas Cósmicas ha comenzado a organizarse  para hacer frente a las violencias machistas, así como promover el uso de la bicicleta como forma de resistencia en la periferia del municipio. Y la recién creada Asamblea Comunitaria de los Pueblos de la Zona Norte de Toluca, conformada por profesores de primaria y secundaria, que aglomera habitantes de las tres delegaciones. A todas ellas y ellos les dedicamos esta nota, esperando contribuir a la resistencia de un pueblo que se niega a morir. Nhamadi.

Finalizo la segunda parte de este trabajo, con una cita del texto del doctor Luis Pérez Lugo: La tridimención cósmica otomí, trabajo que realizó durante varios años en la zona norte de Toluca y que tuvo como informantes a hablantes nativos de otomí practicantes de usos y costumbres. Los estudios realizados por el investigador y también otomí, son definitivamente importantes para recuperar parte de la cosmovisión de esta sociedad originaria, pero también sirven como herramienta y escudo ante la violencia que oscurece a este hermoso pueblo.

Nofoxki significa quiero que me ayudes, y gofoxki, yo te voy a ayudar. Cuando la ayuda es más, el agradecimiento es mayor; con ello no se consigue dinero, pero sí mucho respeto.

El nfoxte se hace más cuando muere alguien, entonces hay que ayudar al ngo foxte, vecino. En algunas familias otomíes del valle de Toluca, cuando alguien muere los amigos del difunto están alrededor del cadáver, hablan orgullosos de sus buenas andanzas con él, mientras que los no allegados del difunto están tristes.

El existir, el espacio y el tiempo se relacionan: el existir, como expresión cultural, va ligado al espacio como medio geográfico natural, en comunión con los astros que regirán los ritmos del tiempo que encarna en el lugar-hombre-naturaleza. El tiempo entre los otomíes lo marca el medio día, ma de ra pa, de made, mitad, y pa, calor. El tiempo es concebido a partir del recinto espacial de la casa, por una parte; desde ahí se ven los días que ya pasaron y que fueron benefactores para su existencia, y, desde ahí también, se ve como a través de una ventana la espera del tiempo que está por transcurrir.

Leopoldo y Avelina, informantes de San Andrés Cuexcontitlán, afirman que “el tiempo es a partir de la vivencia en la comunidad, desde el conjunto de casas, a través del nfoxte”, es decir, por medio del trabajo comunitario que se recibe del vecino,por ejemplo cuando se construye una casa. Otro ejemplo sería cuando se llega el tiempo de las labores agrícolas y se realiza la ayuda mutua. El ximfoxte entonces se refiere al trabajo comunitario compartido entre los habitantes de congregaciones y comunidades.Además de la disposición al trabajo comunitario por parte de los miembros de la comunidad, “todos y cada uno deben tener nzahki, ánimo, plenitud, para ejercer su actividad, su ánimo y su fuerza entre lo comunal”.

Los tiempos de nfoxte o ximfoxte los dictan los requerimientos de las labores culturales, así como los ciclos vegetativos de las plantas cultivables. Así, el otomí recibirá u ofrecerá su ayuda en las milpas o a quien lo requiera en cualquier momento. Cuando alguien pide un préstamo a otro le dice: “Mira, todavía tengo ánimo, tengo fuerza”, asegurando de esta manera la devolución del préstamo. De acuerdo a la distribución de los periodos temporales, habrá tiempos solamente ocupados de convivencia tanto en familia como en comunidad; en ellos se realiza el nfoxte sin que medie una relación de trabajo. Esto explica, a decir de los informantes, que el nfoxte es fuerte porque entra en otra dimensión.

Como se ha señalado en trabajos anteriores (Pérez, 2002), el fuego como vitalizador a través de su emisión de calor es el principal elemento para entrar en el todo –gotho– y en la parte –tengu´tho–, y está en función de la ayuda mutua –nfoxte– para el trabajo –mefi– de la tierra –hoi.

[…] En ciertas épocas (escarda, pisca), las mujeres laboran con la misma intensidad que los hombres, pero esa actividad es considerada como “ayuda”. También los otomíes practican la ayuda mutua (nfoxte) entre el hombre y la mujer, como ya se señaló: el hombre abre los surcos y la mujer deposita la semilla, como un acto sacro que alude a la fecundidad. (México, 2007. P.p. 141,142).

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