Por: Manon Bourguinon*

Antes de escribirse, las historias se enunciaban; una por una las personas se transmitían sus orígenes, las raíces de sus pueblos, sus formas de existir se realizaban en torno a los mitos, que no eran otra cosa que la manera de explicarse y vivir en harmonía con el mundo. La tradición oral precede a la escritura, pero también es narración, es poesía, es historia, y está muriendo.

Fragmento de recolección de tradición oral a la abuela Agustina Ortega Díaz
“La mujer cantora tiene una palabra que usa para detener la shumi (sombras) que cubren su pueblo, que salen de unas maquinas que tosen día y noche nubes negras y lastiman sus corazones (dice ella), porque duele cuando se respira ese aire de las bestias de fierro, que aplastan a sus hermanos del bosque. La palabra de la mujer cantora es la de sus abuelos porque observa todos los días, y las noches también observa, y el cielo y a sus hermanas gña (serpientes) que se arrastran, las observa y las busca para preguntarles qué está pasando, la mujer cantora también aprendió a escuchar a las plantas y los árboles y los conoce con otros nombres que nosotros no conocemos. Sus abuelos Hñatho le dijeron una día que las gentes de la nzujni (Toluca, ciudad) ya no saben escuchar, pero la Bejña Ndeme Tuju sí sabe escuchar, y oye las aves y las contempla, como sus abuelos cuando se paraban en el cruce de su camino con el camino del sol y ya no tiene sombra uno, y el tzi kha (Sol) está arriba y le pregunta qué camino tomar para ayudar a los hermanos y hermanas del pueblo.
La poeta tiene una palabra que hace sonar fuerte, como antaño sus abuelos cuando le hablaban a los hermanos del pueblo, y nos dice unas cosas para cuidar nuestra casa que es el mundo (nguni), donde vivimos todos con los hermanos animales y las hermanas plantas. Porque dicen ambos que también somos plantas y tenemos nuestros animales que viven en nuestro cuerpo y en nuestros sueños y se nos escapan en las noches. La poeta quiere ser hermana también de las gentes que viven en el mundo porque su familia ya está muy lejos, pero les dice a todas sus hermanas hñatho que pelean contra las sombras, que usen su voz, como los tzora zajtes (voces de la noche), que juntan las historias y las cuentan a los hermanos de otros lugares, como a ustedes, las personas del mundo”.
La poesía tiene su hogar en lo inhóspito, las imágenes poéticas son figuraciones en un sentido privilegiado, como formas introducidas. Son imaginaciones en las que se puede atisbar lo extraño en la cotidianidad, porque a la poesía le es inherente una oscuridad. La poesía es aquella voz que viene del otro, de un tú y comienza cuando el lenguaje se convierte en voz sonora.
La extinción de la tradición oral es la muerte de la poesía de los pueblos originarios porque le son ajenos al mundo moderno. Cuando lo ajeno no se incluye, entonces se prosigue con lo igual, y en ese laberinto de lo igual, la imaginación poética está muerta.
La comunicación digital carece de misterio, de enigma y de poesía.
La gran imaginación, las historias de nuestros orígenes pasan de largo en el presente, pero la poesía se encarga de incluir todo lo que por diferente puede y debe ser eliminado por el sistema. A causa de esta inclusión que hace de lo ajeno la imaginación, se desestabiliza lo igual, la identidad del nombre, por eso dice la Bejña Ndeme Tuju: “El canto me penetra, me transforma en nadie y me convierte en hablante”.
El arte presupone la transcendencia de sí mismo. Quien tiene en mente el arte, se ha olvidado de sí mismo. El arte crea una lejanía del yo. Hoy ya no vivimos poéticamente en la tierra. El orden digital no es poético. Dentro de él nos movemos en el espacio numérico del “siempre lo mismo”. Reprime el lenguaje, del que forma parte esencial el silencio. Sin silencio, el lenguaje se vuelve ruido.
El ruido de la comunicación vuelve imposible estar a la escucha. En cuanto principio poético, la naturaleza solo se descubre gracias a la pasividad primordial que implica estar a la escucha. El poema quiere ir hacia otro, necesita ese otro, necesita un interlocutor. Se lo busca, se lo asigna.
La capacidad de escuchar, de observar, de leer son los principios primordiales de la acción poética. Si nada que escuchar o conocer, no tenemos nada de qué hablar, nada digno de que hablar.

*Antropóloga y botánica

Fotos: OPC