Por: Comité Editorial

Este es un homenaje a los millones de estudiantes, obreros y campesinos en México que han sufrido la penosa tortura de estar en contra de lo establecido, de la injusticia, por ser sujetos de cambio, por decir: NO.
La historia la conocen: la policía, el ejército, los porros, los secretarios, los medios hegemónicos y otros tantos actores fueron y siguen siendo los protagonistas de la injusticia en México. Pero el legado de los estudiantes, obreros y profesionistas que murieron aquel 1968 es grande y se extiende a lo largo y ancho de México. La noche del 2 de octubre de 1968, el gobierno encabezado por Días Ordaz, mandó matar a cientos de estudiantes en lo que se conoce como la Masacre de Tlatelolco en la Ciudad de México.
La grandeza de nuestros estudiantes no radica en que pertenezcan a un gremio auriverde o de cualquier otro color, su grandeza proviene de la necesidad que ellos tienen de devolver a su pueblo lo que aprendieron en las aulas. La grandeza de la universidad no solamente consiste en preservar y transmitir el conocimiento, sino en criticar por medio de sus estudiantes, lo que parece injusto para la sociedad. La grandeza de un ser humano consiste en tener conciencia y valor para ayudar y compartir lo que tiene. Eso lo que creemos sincera y fehacientemente en este su medio.
Desde aquí, queremos agradecer a los miles de estudiantes que han salido a las calles, que han detenido el tiempo del progreso, de la máquina. Desde aquí agradecemos a los que ahora mismo están en resistencia, a los que regresaron su mirada a los que no tendrán. Honramos a los que ya no están, a los que se fueron sin despedirse de sus padres. Pero también a los que siguen, a nuestros mismos compañeros, incansables guerreras y guerreros, científicas, poetas, escritores, campesinas, filósofos, artistas, amantes de lo justo, defensores de su pueblo.
Desde esta trinchera, conformada también por estudiantes y campesinos, queremos decirles gracias por su lucha diaria, nosotros los conocemos, hemos reído y llorado con ustedes, hemos tragado la injusticia y devuelto batalla y crítica enraizada a nuestro ser. Gracias, Tania, Salustiano, Emiliano, Osiris, que son la memoria viva. Gracias, Carlos, Andrea, Ivonne, Daniel, que son nuestros científicos. Gracias a nuestros filósofos, Rolando, Axel, María, Esteban. Gracias a los siete magníficos, guardianes del Paro. Gracias compas de FaCiCo, gracias hermanos de Polacas. Gracias, mil gracias a los científicos de la belleza: Ulises, Aurora, Kevin, Leo, UV.
Y por último: gracias antropólogos, lingüistas, arquitectos, y a todos los que están en pie de lucha.
Gracias.

Fotos: O.P.C.

Comments are closed