Por: Dante Álvarez

La Plaza de los Mártires, se llama así porque en 1811 ahí fueron fusilados prisioneros indígenas independentistas, por parte de las fuerzas realistas. Por esta plaza, la principal de Toluca pasa al norte el rio Xicualtenco, hoy llamado Verdiguel, principal de la ciudad. Y con el barrio del Cóporo, de fondo, poblado desde tiempos precuahutémicos según hallazgos y vestigios arqueológicos.

En los predios que ocupaba el convento Franciscano del siglo XVI, se levantó sobre una antigua capilla el templo de la Santa Veracruz en el siglo XVII con una fachada barroca a la que después se le haría una intervención neoclásica.

Para la segunda mitad del siglo XIX, en lugar de  una plaza, estaba un jardín neoclástico, y fue en este estilo que el arquitecto mexicano Ramón Rodríguez Arangoiti, quién tuvo estudios en Europa, y fuera nombrado director de las Obras de la Casa Imperial de Maximiliano de Habsburgo, diseñara después de la caída del segundo imperio, el palacio municipal de Toluca, el palacio de justicia, el palacio de gobierno y la Catedral, la cual dejara inconclusa hasta los años cincuenta del siglo XX que, bajo las modificaciones del arquitecto Vicente Mendiola fuera terminado.

En los años sesenta del siglo XX, el gobierno de Fernández Albarrán, encomienda al arquitecto Vicente Mendiola la remodelación de la plaza, para ello se destruye el jardín neoclásico y se deja en su lugar una enorme y árida plancha negra de concreto. Perdiendo la ciudad áreas verdes y espacio público de esparcimiento.

Así también se demolieron varias zonas habitacionales y comerciales, donde ahora es el teatro Morelos, la plaza Ángel María Garibay y entre la catedral y el palacio municipal. Con ello, hubo desplazados y se dispersó la vida pública social, disminuyendo dramáticamente el número de usuarios fuera de horarios de la burocracia.

Para la construcción del nuevo palacio de gobierno, de estilo neocolonial, se demuelen diversos edificios, principalmente eclécticos de valor histórico como el Archivo Histórico del Estado, el Museo del Estado de México y la Biblioteca Pública.  Así también se demuelen la Casona Barbabosa y los proyectos neoclásicos de Aranoiti como el palacio de gobierno al poniente, y el palacio de justicia, para poner en su lugar el nuevo palacio de justicia y la Legislatura ambos también neocoloniales. Mientras el palacio municipal, es forrado de tezontle negro y se le da estilo neocolonial para armonizar con los nuevos edificios.

¿Por qué neocolonial? Los estilos coloniales se habían dejado de construir al menos un siglo antes, y el estilo neocolonial, se usó en México principalmente a inicios del siglo XX, pero se fue diluyendo hacia mediados de siglo.

Años antes de que en Toluca se destruyera el patrimonio arquitectónico genuino para construir edificios pasados de moda, al menos una década antes, en el boom del estilo moderno se construía Ciudad Universitaria, proyecto de Mario Pani en ciudad de México, con el diseño de biblioteca central de Juan O’Gorman, y a finales de los cincuenta en Brasil, Lucio Costa y Nyemeyer construían Brasilia, una nueva ciudad, esos proyectos basados en el paradigma de su tiempo.

Si “La arquitectura es la voluntad de la época traducida al espacio” según, el arquitecto Mies van der Rohe, o según el arquitecto Frank Gehry “La arquitectura debe hablar de su tiempo y lugar”, lo que tenemos es que, o se está representando el conservadurismo trasnochado, anacrónico de quienes ordenaron estas obras o quizá estamos ante algo más parecido a los fachadismos del parque Disneylandia que fuera abierto al público en 1955, simulando ser lo que no es; en pleno siglo XX  se construyó un edificio de  acero y concreto simulando un palacio colonial.

Fotos: AHT

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